12 Puntos para identificar al Corazón no Convertido

31 10 2007

1. Una indiferencia al pecado. Esto es clásico tanto en los suyos como en el de los demás. Si ve a algún inconverso percar.. a entocnes si es hijo de Satanás, pero si el o algún “hermano” peca… es la carne débil y pues total nos arrepentimos después.

2. Práctica de algún pecado. Super típico en algunas denominaciones, “Dios irá haciendo al obra” “Ay pues ni que tu fueras perfecto” Típica excusa cuando no por otra cosa sino por placer se reusa a dejar uno o varios pecados.

3. Falta de confianza en Dios. De ti puedes dudar lo que queras, pero de que Dios tenga buena voluntad para con nosotros o de que las cosas que pasan son para nuestro bien, eso ni dudarlo

4. Falta de paz. El no poder acercarse a orar, el no poder dormir, el tener la conciencia manchada por algo cometido y no resuelto es otro síntoma de inconversión o de un corazón no restaurado.

5. Egoismo. El ver a alguien pedir dinero, alguien pasar hambre, alguien necesitado y teniendo la forma de ayudarlo y no hacerlo. El no ser capaz de negarse cosas o de encargarse de hacer cosas y siempre dejarlo para los demás.

6. La autojustificación. Para pecado que cometé siempre hay un porqué que lo justifica.

7. Las personas que tienen una disposición para estar poniendo excusas por no hacer su deber es también una evidencia final de que tienen un corazón no arrepentido.

8. Una falta de franqueza acerca de cualquier área moral en la vida de la persona la evidencia como inconversa. Esto podría ser también algo así como la hipocresía o la doble cara.

9. La negligencia o el rehusar confesar y restituir cuando la ha regado. En primera se enoja si le haces ver el pecado y si le pides que restituya normalmente no lo hace o lo hace aregañadientos.

10. Codicia Evangélica. El poner primero a los diezmos, ofrendas y cualquier entrada de dinero antes que ponerse a orar, atender a los necesitados o ir a hacer una campaña SIN cobrar ofrenda.

11. La falta de interés en los pecadores y la falta de compasión por ellos, es una señal segura de que la persona no está convertida al Señor y no es salva. El no orar seguido por sus vecinos, familiares o personas que el conoce que no son salvas, el no tener “carga” por ellos y no sentir la necesidad de orar por ellos. No nada más estarlos señalando cada vez que hacen algo sino el realmente estar “cargado” por ellos.

12. Falta de lectura y de oración diaria. No hablo de la “obligación religiosa” de que “tienes que orar” NO, yo me refiero a esas GANAS a esa SED y NECESIDAD de orar diariamente un buen tiempo, a esa misma sed porque la Palabra nos hable y nos enseñe algo nuevo cada día. Podrémos abrir ríos y lo que queramos pero si no tenemos intimidad con Dios y estudio de su palabra no servimos para nada y un corazón que no tiene dependencia de Dios no puede estar converso.

“Ah, ¿entonces me estás diciendo nunca he sido salvo?” No lo sé y no es el punto, el punto es darse cuenta y aceptar que si tenemos… ojo TENEMOS, alguno de estos puntos, no nos podemos estar jactando de ser “siervos de Jehová, ungidos del altísimo” y cualquier otro mote que nos queramos poner… esto es, en cierta forma, el A B C de la conversión… por si acaso sale el perspicaz, no lo digo yo ni lo dicto yo está en base a la Biblia… y estoy abierto a cualquiera que quiera opinar cual de estos puntos van en contra de los frutos dignos de arrepentimiento o cual de estos puntos no considera como básicos para decirse cristiano.

Creo que es bueno revisarnos a nosotros mismos cambiar cosas… me incluyo. No es solo cantar, decir “paz varón” y cosas por el estilo… el cristianismo es eso… es un estilo de vida.

Que comiencen los antorchazos, 😀





Y un día… cayó en pecado

8 10 2007

Soy un convencido de que nadie “cae” en pecado así como así. Nunca he creído que todo es belleza y armonía en la vida del cristiano y de pronto sin darse cuenta “cae” en pecado.

En algún otro post comenté el ejemplo de David, donde cae en pecado con su vecina y fornica, pero realmente ahí no empieza su caída, David se levanta tarde, no había ido a la guerra cuando su ejército si, andaba de ocioso en su alcoba, ve a una mujer y se queda para verla, etc. etc. y sabemos como acaba la historia… David no solamente pecó con la vecina, David había comenzado a vivir en riesgo desde hacía días antes al no cumplir con sus obligaciones.

Pero como siempre digo, tal parece que nos encanta armar tragedias, justificarnos o tratar de cambiar la historia de la Biblia a nuestra forma… aquí pongo un texto sacado de un audio de Dante Gebel en donde explica otro ejemplo vivo de lo que es “caer en pecado”

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Cuenta regresiva del diario de un pastor:
Día 40: hoy contraté a una secretaría para la igleisa que creo tiene buenas aptitudes y es intelectual

Día 37: realmente estoy llevándome mal con mi esposa porque llego muy cansado y cuando llego para acercarme con ella para tener intimidad ella también me dice que está cansada con los niños y yo necesito satisfacerme también como hombre, en fin supongo que tendré que aguantarme y soportarlo porque supongo que es una etapa que todos los matrimonios tienen que vivir

Día 30: hoy la secretaria casualmente me habló de que está enamorada de un chico de la iglesia , yo le dije que ese chico no le convenía para ella, que se merecía algo mejor, claro lo digo desinteresadamente como pastor y líder porque realmente quiero lo mejor para esta chica

Día 25: le dije y le di el ultimátum a la secretaria que deje ese muchacho que no es para ella, porque ella se merece un hombre de Dios, a mi no me interesa lo que haga con su vida pero si me interese que conserve el trabajo conmigo y para eso tiene que estar casada con la persona correcta

Día 17: realmente noté que aparte de ser muy buena en su trabajo además es linda mi secretaria y se merece algo mejor para ella que solamente un chico, tal vez un líder, un siervo de Dios… voy a estar orando por ella

Día 10: hoy casualmente la secretaria notó que yo lucía un nuevo traje cuando mi esposa ni siquiera se dio cuenta, es más dice que estoy más delgado, algo que mi mujer nunca me dice tampoco

Día 4: mi secretaría realmente es muy bonita y ojalá mi esposa tuviera los detalles y atenciones que ella tiene conmigo

Día 2: hay un congreso y mi esposa como siempre ocupada no podrá acompañarme y le pedí a mi secretaria que fuera conmigo

Día 0: acabamos de caer en pecado. Acabo de tirar 20 años de ministerio por la borda… no sé cómo ocurrió, pero me desperté en la mañana durmiendo en otra cama… claro con mi secretaria

¿Cuál es el error en esta cuenta? Que no cayó en el día 0… tenía 40 días en un proceso que ni se dio cuenta ni quiso ver.

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Creo que por eso dice, el que se sienta firme cuídese que no caiga, por eso dice velad en oración, etc. Porque no es tanto el caer en pecado, no esa es solo ya la consecuencia o la falta escandalosa, el mal empezó antes. Es lo que se le llama un deslizamiento o la Biblia así lo llama.

Un hermano en una prédica ponía un ejemplo muy bueno de lo que deslizarse era. Es como cuando estás en la alberca y te acuestas en una cama inflable y cierras los ojos, en ese momento estás en la orilla de la alberca… después de unos minutos de estar descansando abres los ojos y te das cuenta que estás al otro extremo de la alberca, no te diste cuenta pero te fuiste a otro lado totalmente.

Por eso también a los barcos los amarran en los muelles, ya que a pesar de tener el motor apagado o sin velas, las olas los van moviendo poco a poco pero sin darte cuenta tu barca puede acabar varada en el medio del mar.

Creo que eso es “caer” en pecado o deslizarte… dejas de orar, de leer, te empiezas a dar permisos de ver cosas que no deberías de ver, de escuchar chismes o platicas que no deberías de escuchar… cuando menos te das cuenta ya caíste en algo, pero no te das cuenta que tenías días, meses o años que estás en una etapa de peligro y que cada vez te acercas más a caer. Lo malo es que muchas veces cuando te das cuenta… ya estás del otro lado de la alberca o en medio del mar.





Santidad (¿uy que aburrido?)

21 09 2007

Creo que si por algo he caracterizado este blog, aparte de lo necio que soy, es por demandar, declarar, hacer ver, señalar o como le quieran decir lo que, a mi forma personal de ver, es uno de los peores problemas, costumbres y cánceres actuales y es la apostasía, libertinaje, falsas doctrinas y una sarta de seudo-doctrinas que cada quien hace y adapta a su propia conveniencia y que están destruyendo el cristianismo bíblico.
Y como cuando uno da su opinión personal, normalmente no tiene el mismo peso cuando lo dice un “Ungido de Jehová” o “Siervo del Altísimo” (fue sarcasmo eh, no soy tan religioso para hablar) por eso dejo un escrito más Juan Wesley, ahora, acerca de lo que la santidad es y para lo que es. Digo, por aquello de que cuando dice ser santo se refiere a santificarse y no se que tantos revoltijos arma cada quien… total que todo para no hacer y hacer ver que la Biblia siempre no dice lo que sí dice.

“Un golpe a la raíz” o “Cristo apuñaleado en la casa de sus amigos”
“Judas, ¿con un beso entregas (traicionas) al hijo del hombre?” (Lc. 22:48)

1.- “Sin santidad nadie verá a Dios” (Heb. 12:14). Sin santidad nadie verá el rostro de Dios en la gloria. Nada debajo del cielo puede ser más seguro que esto, pues “la boca de Jehová lo ha dicho” (Is. 1:20). “Y el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc. 13:31). Dios caería de los cielos, de la misma manera, si esta palabra cayera a tierra; esto no puede suceder. Nadie vivirá con Dios, sino aquel que ahora vive para Dios; nadie gozará de la gloria de Dios en el cielo sino aquel que lleve la imagen de Dios en la tierra. Nadie que no es salvo del pecado será salvo del infierno en el más allá; nadie podrá ver el reino de Dios en los cielos a menos que el reino de Dios esté en él aquí. Quien quiera que vaya a reinar con Cristo en el cielo debe tener a Cristo reinando en él en la tierra. Este debe tener ese “mismo sentir (pensamiento) que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5) haciéndolo apto para “andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6).

2.- Sin embargo, tan cierto como es esto y tan claramente como es enseñado en las Sagradas Escrituras, difícilmente hay entre todas las verdades de Dios una que sea tan poco recibida por los hombres como ésta. Ciertamente, de alguna manera, fue intuida incluso por los sabios impíos, algunos de ellos afirmaron que nada agradaba a Dios sino el: “sancti recessus mentis, et incoctum generoso pectus honesto”: “Una mente santa y virtuosa y un corazón inmerso en generosa honestidad”. Aunque no podían negarlo, no obstante de una manera fácil y eficaz se evadieron de esa verdad. Fabricaron “algo” que pudiera hacer “las veces” de la santidad interior: crearon ritos y ceremonias, formas externas o acciones gloriosas para suplirla. Así los romanos lanzaron su cruzada a la felicidad futura y dieron “entrada al cielo” a todo aquel que peleara valerosamente defendiendo a su patria; a aquellos que en su vida hubiesen sido sacerdotes puros; también a los inmortales poetas que escribieron versos dignos de Febo; y también a aquellos que enriquecieran a la humanidad a través de las artes. Para los sabios impíos esto era más que suficiente para asegurarle al hombre un lugar en el cielo.

3.- Esto, por supuesto no fue admitido por los romanos modernos quienes desecharon tales grotescas conclusiones, y aunque rechazaron estas ideas, se ingeniaron un nuevo camino para llegar al cielo “sin santidad”: hacer penitencias regulares; peregrinajes a los lugares santos; orar a los santos y a los ángeles, y sobre todo esto inventaron las misas de difuntos, la absolución por un sacerdote y la extrema unción. Todo esto satisfizo a los romanistas de la misma manera que los retablos a los impíos. Miles de ellos creyeron sin lugar a dudas que practicando estas cosas, sin santidad alguna, verían al Señor en la gloria.

4.- A los protestantes no les satisfizo esto. Reconocieron que tal esperanza no era mejor que una telaraña. Se convencieron que cualquiera que se apoyara en semejante cosa se apoyaba en un brazo roto. ¿Qué podían entonces hacer? ¿Cómo podrían ver a Dios sin santidad? Pues decidieron hacerlo, no dañando a nadie, haciendo el bien, asistiendo a la iglesia y tomando los sacramentos. De esta manera muchos miles se sentaron en las bancas de las iglesias, convencidos que estaban ya en el camino directo al cielo.

5.- No obstante muchos no se pudieron quedar allí. Esto lo calificaron como “el papismo del protestantismo”. Ellos estaban persuadidos que aunque nadie puede ser un verdadero cristiano sin abstenerse cuidadosamente de todo mal, haciendo uso de la gracia en cada oportunidad y haciendo todo el bien posible a los hombres, por otro lado, un hombre puede hacer todo esto y ser todavía un impío. Ellos sabían que ésta era una religión muy superficial, apenas bajo la piel: por lo tanto, no es cristianismo verdadero, ya que este reside en el corazón, es adorar a Dios “en espíritu y en verdad” (Jn. 4:23). No es otra cosa sino “el reino de Dios EN nosotros” (Lc. 17:21). Es la “vida de Dios en el espíritu del hombre”, es la mente que estuvo en Cristo Jesús, es “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).

6.- Además, de ver esto y darse cuenta de que ésta era una religión más profunda, sin embargo no está cimentada en un fundamento correcto, porque: “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:11). Nadie puede tener la mente de Cristo hasta que ha sido justificado por Su sangre, hasta que es perdonado y reconciliado con Dios a través de la redención que es en Cristo Jesús, y nadie puede ser justificado, de esto están seguros, sino por la fe y sólo por la fe, pues: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Rom. 4:5).

7.- ¿Qué evasión podría encontrar el hombre ahora? ¿Qué vereda podría encontrar Satanás para dejar sin efecto toda esta luz? ¿Qué se podía hacer cuando esa gran verdad: “por gracia sois salvos por medio de la fe” (Ef. 2:8) era cada vez más y más recibida? ¿Qué?, sino persuadir a los mismos hombres que la recibieron que “convirtieran la gracia en libertinaje” (Judas 4).
“Simón el mago” apareció haciendo esto mismo y enseñando “que Cristo lo había hecho todo, lo había sufrido todo: que Su Justicia siendo impuesta en nosotros, ya no necesitamos hacer nada nosotros; que viendo que había tanta santidad y justicia en Él, nosotros no necesitamos agregarle más; que si pensamos que hay algo de esto en nosotros o buscamos tenerla es renunciar a Cristo; que desde el principio hasta el fin de la salvación todo está en Cristo, nada en el hombre y que los que predican lo contrario son legalistas que no conocen en absoluto el evangelio”

8.- Esto es en verdad un golpe mortal a la raíz (Os. 9:16). A la raíz de toda santidad y toda verdadera religión. Esto es “una puñalada a Cristo en la casa de sus amigos” (Zac. 13:6) de todos aquellos que profesan ampliamente amarlo y honrarlo, destruyendo el propósito mismo de su muerte: saber “destruir las obras del diablo”. Porque donde quiera que esta doctrina sea recibida no hay ya lugar para la santidad, la aniquila de la cabeza a los pies y destruye tanto la raíz como la rama (Mal. 4:1). De hecho, rasga todo deseo de ella y todo trabajo por conseguirla; prohíbe toda exhortación ya que puede alentar su deseo o su esfuerzo; hace al hombre temeroso de su propia santidad, temeroso de anhelar cualquier pensamiento o movimiento hacia ella, ya que el que lo hace niega la fe y rechaza la justicia de Cristo. De esta manera en lugar de ser “celosos de las buenas obras” (Tito 2:14), éstas se convierten en un aguijón en sus narices. Y se convierten infinitamente más temerosos de “las obras de Dios” (Jn. 6:28) que de “las obras del diablo”.

9.- Esta es sabiduría, pero no sabiduría de los santos sino sabiduría diabólica. Esta es la obra maestra de Satanás. ¡Más lejos que esto no puede ir! Hacer santos a los hombres sin que tengan un gramo de santidad en ellos. Santos en Cristo, aunque impíos en ellos mismos. Están en Cristo Jesús sin un ápice de la mente de Cristo o del sentir que hubo en Él. Están EN Cristo aunque su naturaleza caída esté en su totalidad EN ellos. Son completos en ÉL (Col. 2:10), aunque “en ellos” sigan siendo tan orgullosos, vanos, codiciosos y pasionales como siempre. Es suficiente: pueden seguir siendo injustos pues en Cristo se “cumple toda la justicia” (Mt. 3:15).

10.- ¡0h simples! “¿Hasta cuando, oh simples, amareis la simpleza?” (Prov. 1:22). ¿Cuánto tiempo mas buscareis la muerte en el error de vuestras vidas? o ¿no sabéis, aunque os enseñen otra cosa, que “los injustos no heredarán el reino de los cielos?” (1 Cor. 6:9). “No os engañéis” aunque muchos desean engañaros, bajo la pretensión “válida” de exaltar a Cristo, una pretensión que más fácilmente te roba por cuanto “Él es precioso para ti” (1 Pe. 2:7). Pero mientras el Señor viva: “ni los fornicarios, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:9-11). Habéis sido realmente cambiados, no sólo no se te tomó en cuenta, sino que de hecho fuisteis hechos justicia. “La ley -el poder interior- del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha hecho libre”, verdaderamente libre de la ley -el poder- del pecado y de la muerte (Rom. 8:2). Esta es la libertad, verdadera libertad del evangelio, experimentada en cada creyente. No libertad de la Ley de Dios o de las obras de Dios, sino de la ley del pecado y de las obras del diablo. Mirad que estéis firmes en esta real -no imaginaria- libertad con la que Cristo te ha hecho libre. Y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud, por causa de esos vanos habladores, puesto que ya habéis limpiamente escapado (Gal. 5:1).

Yo te testifico, que si continúas aun en pecado, Cristo en nada te aprovecha, que Cristo no es tu salvador a menos que te salve de tus pecados, y si no purifica tu corazón, la fe en nada te aprovecha. ¡Oh!, ¿cuándo entenderéis, que el oponerse tanto a la santidad interior como exterior bajo el disfraz de exaltar a Cristo, es directamente actuar el papel de Judas traicionando al Hijo de Hombre con un beso?
Arrepentíos, arrepentíos. No sea que Él os divida con la espada de dos filos que sale de su boca (Ap. 1:16). Son ustedes mismos, los que al oponerse al propósito verdadero de Su venida al mundo, están crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndolo a vituperio abierto (Heb. 6:6). Son ustedes quienes esperando ver al Señor sin santidad (Heb. 12:14) a través de la justicia de Jesucristo “hacéis de la sangre del pacto una cosa inmunda” (Heb. 10:29) manteniendo la impiedad de los que tanto en ella confían. ¡Cuidado! por que la maldad está delante de vosotros. Si aquellos que sin confesar a Cristo mueren en sus pecados recibirán siete veces el castigo a su impiedad, con seguridad ustedes que han convertido a Cristo en un “ministro de pecado” (Gal. 2:17) serán castigados setenta veces siete. ¿Qué? ¿Puede Cristo destruir su propio reino? ¿Hacer a Cristo un instrumento de Satanás? ¿Poner a Cristo en contra de la santidad? ¿Hablar de Cristo como salvando a Su pueblo en sus pecados? Todo esto no es mejor que decir: “Él los salva de la culpa pero no del poder del pecado”. ¿Harás de la justicia de Jesucristo tal cobertura de la injusticia del hombre queriendo decir con esto que el “impío” de cualquier clase heredará el Reino de los Cielos?

¡Detente! ¡Considera! ¿Qué estás haciendo? Habías corrido bien al principio, ¿quién os embrujó? ¿Quién os ha corrompido de la simplicidad de Cristo, de la pureza del evangelio? Tú sabes “que aquel que cree es nacido de Dios” y “que el que es nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel (Jesús) que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Jn 5:18). ¡Oh!, ¡volveos al verdadero, al puro, al evangelio primitivo, el que habéis recibido en el principio! Volveos a Cristo, que murió para haceros una nación santa “celosa de buenas obras”. “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Ap. 2:5). “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn. 5:17). Si no trabajáis, vana es vuestra fe. ¿Por qué? “¿Quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta” (Stg. 2:20)? “Acaso no sabéis que aunque tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” (1 Cor. 13:2). ¿Acaso no sabéis que toda la sangre y la justicia de Cristo, a menos que tengamos la mente de Cristo y ese sentir que hubo en Cristo Jesús y andemos como el anduvo, sólo nos hará dignos de mayor condenación? “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad” (1 Tim. 6:3-5). No tengáis más temor de exhortaciones fuertes enfocadas a la santidad ya sea interior como exterior. Porque en esto el Padre es glorificado y el Hijo de Dios verdaderamente exaltado. No llaméis de una manera estúpida y sin sentido a todo esto: “Legalismo” -palabra tonta y sin sentido-. No estéis temerosos “de estar bajo la ley de Dios” sino de “estar bajo la ley del pecado”. Amad más las predicaciones estrictas, aquellas que más urgen en el corazón y te muestren en que no te pareces a Cristo, y aquellas que te impulsen a amarlo con todo tu corazón y a servirlo con todas tus fuerzas.

Permitidme que os alerte de otra palabra vana y sin sentido. No digáis, “Yo nada puedo”, pues si lo hacéis entonces no conocéis nada de Cristo, y no tenéis fe. Porque si tú tienes fe, si tú crees, entonces tú “puedes hacer todas las cosas en Cristo que te fortalece” (Fil. 4:13). Tú puedes amarlo y guardar sus mandamientos y para ti “Sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn. 5:3). “¿Gravosos a los que creen?”, en ninguna manera. Son el gozo de tu corazón. Muestra pues tu amor a Cristo guardando sus mandamientos, caminando en sus ordenanzas sin mancha (Lc. 1:6). Honra a Cristo obedeciéndole con todas tus fuerzas, sirviéndole con todo tu empeño. Glorifica a Cristo imitándolo en todas las cosas, andando como Él anduvo. Guárdate para Cristo guardándote en todos sus caminos. Confía en Cristo para que viva y reine en tu corazón. Ten confianza en Cristo que Él va a cumplir en ti todas sus preciosas promesas, que Él hará en ti todo el placer de Su benignidad y toda la obra de fe en poder. Aférrate a Cristo hasta que Su sangre te haya limpiado de todo orgullo, enojo y todo deseo del mal. ¡Deja que Cristo lo haga todo! Deja que Aquel que ha hecho todo por ti, lo haga todo en ti. Exalta a Cristo como príncipe, para dar arrepentimiento, como salvador para darte al mismo tiempo la remisión de tus pecados como un corazón nuevo, para renovar un espíritu recto en ti (Sal. 51:10). Este es el evangelio, el puro, el genuino evangelio: Las buenas nuevas de salvación.

No es nuevo, sino el antiguo evangelio que permanece para siempre, el evangelio, no de Simón el mago, sino el de Jesucristo. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo “os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:16-19).





El Pecado No Confesado

3 09 2007

Alguna vez liderando un grupo de jóvenes tuve una plática con una mamá, cristiana creo yo en ese entonces, y platicando con cosas que pasaban con su hijo en algo cometió errores ella, pero al marcarle esos errores ella respondió: “Sí es cierto la regué en esto… bueno al rato me arrepiento”. En ese momento con inexperiencia y con baja edad no me atreví a corregirla pero en mi sabía que lo que esta persona estaba haciendo era tomar a la ligera el arrepentimiento o minimizando su error, y volviendo esto como un juego de “ah total al rato me arrepiento”.

Lectura previa recomendada: Salmo 32:1-11

El Salmo 32 inicia con una de las exclamaciones más jubilosas y menos entendidas de toda la Biblia: “Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”

Bienaventurado se puede traducir como “dichoso”, “mil veces feliz” y nos da a entender el estado y experiencia bendecida de quien ha sido perdonado por Dios de un pecado.

Para los que entienden las cosas espirituales no es “bienaventurado el que tiene fama y riquezas” o “el que no tiene problemas y dificultades en la vida”. Nada hay como tener una conciencia limpia y sentirse libre de sentimientos de culpas y confusiones que atormentan el alma. Nada como un corazón puro, indispensable para experimentar la presencia de Dios. Sobre todo cuando alguien ha caído en pecado y no encuentra la salida.

Ya son famosas las frases: “Ya no lo practico”, “estoy arrepentido”, “ya lo dejé”, pero saben que las cosas no son como antes. Culpas y dudas lo atormentan. Incredulidades, miedos, insatisfacción.

El Arte Perdido de la Confesión
Un ejemplo que podemos tomar para esto es la del buen David de lo que sucede cuando un justo llega a cometer un pecado y no encuentra la salida. El salmista narra así su propia experiencia:

Mientras callé envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano
Se volvió mi verdor en sequedales de verano

Con bello lenguaje poético y utilizando metáforas sencillas de inmediato nos muestra la causa de su atormentada existencia: “Mientras callé”, dice en la primera frase, y después describe los resultados de no haber confesado su falta. ¿Cuáles fueron?

“Envejecieron mis huesos”, expresa, refiriéndose a que lo más íntimo de su ser se debilitaba. No tenía fuerza espiritual, gemía de continuo: expresión de estrés, de miseria e infelicidad. ¿No se limita a esto la oración de algunos que sólo se dedican a decirle a Dios lo mal que se sienten en vez de utilizar su tiempo intercediendo por los perdidos?

La conciencia que no ha sido perdonada lo sabe. Y siente a Dios de continuo en contra. Es difícil explicar cómo, pero parece que se entiende por intuición o por las circunstancias. David lo tenía muy presente: “porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano” y concluye explicando que aunque hubo un tiempo en que estaba lleno de vitalidad, de ánimo, luego del pecado su alma quedó seca, muerta y no hallaba la salida por más que llamaba y gemía. ¿Porqué? Porque calló lo que tenía que haber dicho. El contexto habla de que no había hecho una confesión adecuada a Dios por un pecado que había cometido —no sabemos cuál—. Pero cualquiera que haya sido, lo cierto es que la estaba pasando bastante mal y ya llevaba un rato. El problema aquí no era que siguiera practicando el pecado. Es obvio que ya lo había abandonado. El Salmo es claro: No había alcanzado perdón por no habérselo confesado a Dios .

Por supuesto, hay casos en que la reconciliación con Dios también requiere la restitución con otras personas. Esto es indispensable cuando se ha agraviado o sido injusto contra alguien. Jesús fue claro al respecto en Mt. 5:23-24. En tales casos es necesario decir al prójimo en que se le dañó y pedir perdón. Mas en el Salmo 32 el problema era que no había confesado un pecado directamente a Dios. O si se lo había confesado no había hecho el tipo de confesión que Él, que todo lo ve y todo lo sabe, pide. ¿Quizás hizo una confesión parcial? ¿O minimizó su responsabilidad? ¿o le puso un nombre elegante a sus abominaciones? En ocasiones, personas se acercan así a Dios con esperanza de reconciliarse y ofrecen en vez de una verdadera confesión, una especie de pretexto. O tratan de hermosear con palabras sus maldades. Pero eso no es de ninguna manera confesar tu pecado. Esperar recibir perdón y paz cuando se hacen confesiones a Dios con pretextos, es en vano.

En la celebración del Yom Kipur, la festividad hebrea que se conoce en el Antiguo Testamento como Día de la Expiación, muchos rabinos todavía enseñan en las sinagogas un antiguo principio: “No importa cuánta convicción sientas, que tan mal o culpable te sientas, mientras no expreses tus pecados claramente con palabras ante Dios no lo has confesado y por tanto no podrás recibir perdón”. Esta tradición tiene sus raíces en las enseñanzas del Antiguo Testamento sobre la importancia de la confesión y es clave para entender el arrepentimiento cristiano.

Algo muy interesante del Salmo 32 es que se trata de un Masquil, esto es, poesía didáctica. Este tipo de salmos fueron diseñados para enseñar doctrina y al mismo tiempo ayudarnos a reflexionar profundamente en cada frase. Si lo lees completo, notarás que la estructura del mismo contiene varias veces la palabra selah, que en el contexto señala un interludio o pausa musical, un momento en donde el cántico cesaba y sólo sonaban los instrumentos para permitir que se meditara la estrofa que se acababa de cantar. El efecto de hacer esas pausas al leerlo es dramático y permite profundizar en lo que se está diciendo. Otro aspecto que se debe resaltar es que se trata de un Salmo enfocado particularmente al justo que llega a caer en pecado. No es, propiamente dicho, un texto para inconversos. Es para quien ha caído y no encuentra la salida.

El remedio viene en la tercera estrofa:
“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.

Días de gemir, desfalleciendo en vida, consumido por la culpa, sabiendo que Dios estaba contra él. ¡Muerto en vida cuando antes todo era vitalidad espiritual! De pronto entiende y decide sincerarse con Dios. Y confiesa.

Y confiesa claro. Sin guardarse nada, diciendo las cosas tal y cual son.

Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. No hay más minimización ni pretextos.
Allí están las benditas palabras que expresan verazmente lo que se ha hecho. Palabras fuertes: pecado, iniquidad, maldad. Suena feo, y no era agradable a su ego, pero era la verdad.

¿Cuántos viven hoy miserablemente y “su verdor se volvió en sequedales de verano” por no haber confesado? ¿Por no decirle a Dios claramente sus iniquidades debido al orgullo?

El Salmo 32 es claro. Dios otorga la dicha del perdón al que abandona su maldad y la confiesa ADECUADAMENTE.¡Y qué dicha tiene aquel a quien Jehová no culpa de iniquidad! No hay temor al castigo ni al juicio, ni incertidumbre si “estoy bien o mal”, ni confusión de si pequé o no. Todo es claro y dichoso, hay acceso con libertad al Padre por el Espíritu Santo.

El versículo 2(b) aporta el secreto de quienes habiendo caído, son perdonados. “En cuyo espíritu no hay engaño”. En otras palabras, no trata de engañar a Dios ni a sí mismo con confesiones tibias ni con palabras elegantes y pretextos para minimizar su culpa y vileza.

El autoengaño y la pretensión de engañar a Dios son grandes obstáculos para que alguien que cayó se reconcilié con Dios. Dejar de hacer lo malo no basta cuando no hay honestidad y palabras correctas para llamar a la iniquidad por su nombre.

¿Has cometido un pecado y lo has dejado de cometer pero no tienes aún la dicha espiritual del perdón? Corre a tu cuarto, en lo secreto, y quítate la máscara. No trates de guardar apariencias con el que no puede ser burlado. El conoce tus vilezas, tus intenciones, el orgullo. No manipules las palabras para sentirte mejor ante tus propios ojos. ¡Dios te conoce! ¿Qué le puedes ocultar? Confiesa “sin encubrir tu iniquidad” No escatimes palabras y experimentarás la dicha de David cuando se sinceró con Dios.

El Nuevo Testamento es claro: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos…”

Por supuesto, el Salmo 32 nos enseña cómo es que hay que confesar ante El Único que perdona pecados.

No dejes que el orgullo o la incredulidad te roben la oportunidad.





En el Mundo de “No Juzgarás”

27 08 2007

Sólo hace falta marcarle una falta a un hermano, pastor o hasta un inconverso para que salga un hermano y te diga “nosotros no debemos juzgar” “tu no eres quien para juzgar” “tu que sabes”…. y así frases hechas por el estilo, lo cual no estoy de acuerdo porque, como todos los pretextos para no marcar los pecados, esas frases y argumentos están fuera de contexto, pero para no entrar en apreciasiones personales mejor les dejo este estudio de Charles G. Finney acerca del tema.

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Queridos hermanos, permítanme a través de estas líneas dirigirme a la Iglesia para tratar un asunto de gran delicadeza, y al mismo tiempo de gran importancia. Repetidos comentarios en diferentes mensajes cristianos, me permiten observar que una muy importante distinción se está pasando por alto y esto está calculado para hacer un gran daño en la Iglesia. Los escritores, pastores, predicadores, etc., a los que me refiero, parecen confundir lo que llaman “Acusaciones” con la “Fidelidad cristiana”. ¡Un error más demoledor sería difícil de imaginar o enseñar! Esta confusión existe especialmente en sus mentes y en sus mensajes con respecto a cualquier cosa que se dice acerca de las fechorías de los ministros del evangelio. Parecen asumir, uno, que los ministros de la Palabra están universalmente en un estado de santificación permanente, y si no lo están, parece que a ellos no se les debe reprobar por pecar, como a los demás hombres, ni exhortar al arrepentimiento. Parecería, que NO se puede decir nada acerca de los pecados de los ministros, y que ellos no pueden ser reprobados o advertidos, ni en la más profunda gentileza y amor, sin que se le trate a uno como “acusador” o “demasiado juzgón”.

La clase de predicadores y escritores a la que me estoy refiriendo, supone que el hablar clara y directamente acerca de los pecados de la Iglesia, “redargüir, reprender, exhortar” atinadamente y en una manera urgente y afectuosa es también “juzgar” y “criticar”. En otras palabras, parece que la práctica de muchos escritores y predicadores de hoy en día, es confundir totalmente (como lo dije antes), la fidelidad cristiana con el “juzgar y criticar”. Ahora bien, si se permite que esta confusión siga adelante sin notarlo, hasta que la reprensión, en vez de ser considerada una virtud se considere un vicio, la Iglesia inevitablemente será destruida. Si el reprobar los pecados de los ministros, o de cualquier tipo de cristianos u hombres, es considerado como “juzgar” y “criticar”, entonces el poder del glorioso evangelio será destruido. Permítanme a continuación puntualizar lo que yo creo que es la correcta distinción entre juzgar en una manera criticona y la verdadera fidelidad cristiana. Permítanme mostrar que la fidelidad cristiana es universalmente obligatoria; y que los ministros están tan obligados a reprender a sus consiervos como a cualquier otro tipo de persona y por último, que las personas que se quejan de esto evidencían, sin lugar a dudas, que tienen un espíritu orgulloso y turbulento.

Primeramente, veamos la diferencia entre el “juzgar” y la fidelidad cristiana. Considero que “juzgar” es una disposición de censurar, culpar y condenar a otros, y hacer esto hablando de las fallas de otros con una intención egoísta y perversa. Esto se ve al pasar juicios severos y sin amor acerca de los motivos de otros, aun cuando su conducta parece adecuada. Consiste también en “publicar” sus faltas en una manera aun cuando no se requiere según la ley del amor y la benevolencia. La fidelidad a Cristo, con respecto a las faltas de otros, consiste en reprobar a otros por sus pecados por amor a Dios y a las almas de los hombres. Consiste también en reprobarlos, advertirlos y exhortarlos a abandonar sus pecados para la gloria de Dios y el bien de su Iglesia. La fidelidad cristiana, en cuanto a la reprensión, consiste en lidiar y tratar con todas las clases de personas en una manera franca, directa y continua, y al mismo tiempo compasiva. De la misma forma que lo hicieron los profetas, Cristo y los apóstoles. Los pecados por los cuales estos últimos reprendieron y reprobaron a los hombres no eran pecados que conocían solamente por “revelación”, sino pecados que estaban a la vista de todos, y pecados de los cuales sabían que eran culpables, por su propia observación. En las reprensiones que ellos hacían, podemos aprender los grandes principios bíblicos para poder reprender y reprobar como ellos. Y debemos considerar esos principios como las leyes del reino de Cristo y ministrar las reprensiones de acuerdo a ellas. Que se entienda claro, que la fidelidad a Cristo, con respecto a reprobar el pecado, consiste en reprobar a la persona por su pecado en una forma profunda, y al mismo tiempo teniendo dentro compasión y benevolencia. Y cuando haya necesidad, reprender cualquier forma de pecado en cualquier parte. Consiste en hablar debidamente acerca de los pecados públicos de cualquier tipo de personas, en cualquier lugar , siempre y cuando las circunstancias de la Iglesia y la Gloria de Dios lo demanden. Pero, una vez más, digo que el hablar innecesariamente o por motivos maliciosos de los pecados de cualquier tipo de persona, no importa lo terribles y conocidos que sean estos pecados, esto es “juzgar” o “criticar”.

En segundo lugar, la fidelidad cristiana es universalmente obligatoria. Este es un mandato claro de la Biblia. “… Si tu hermano peca contra ti ve y repréndele…” Hay muchos pasajes de la Escritura que hablan de esta obligación: la naturaleza del caso demuestra que esto es una obligación de todos. Es una consecuencia natural del amor benevolente. Para un hombre con amor benevolente es tan natural el reprobar a otros por sus pecados y avisarles que “huyan de la ira que viene”, como sería el dar la voz de alarma a sus vecinos si su casa se estuviera quemando.

Como dije, los ministros están obligados a reprobar a sus consiervos así como a reprobar cualquier otra clase de persona. Cuando Pedro, en una ocasión era culpable de un pecado, Pablo lo resistió cara a cara. Aquí tenemos el ejemplo de un apóstol reprobando a un apóstol. En ningún lugar los ministros son la excepción a la regla general del reino de Dios. -Que todos los hombres deben ser reprobados por sus pecados- ¡No hay ninguna razón por la cual deberían ser la excepción! Los pecados de los ministros son especialmente dañinos para la Iglesia y para el mundo. Hay entonces una razón importante para que ellos sean enfrentados fielmente por sus pecados. Puesto que los ministros son considerados ejemplos públicos para la gente, sus pecados deben ser especialmente señalados como pecado, y públicamente reprobados ¡a menos que querramos que sus pecados sean pasados por alto por la gente y la gente comience a imitarlos como si fueran virtudes!

Su compromiso de ser santos es tal, que los ministros ciertamente merecen reprensión, si no caminan rectamente e íntegramente. En el mismo grado de importancia de su llamamiento, así también es necesario que se les confronte consistentemente por todo tipo de personas y especialmente por sus hermanos ministros. Siempre se debe de tener respeto a su carácter oficial, y se les debe ministrar reprensión especialmente (y ciertamente a TODOS los hombres) y debe hacerse con gran franqueza, amabilidad, compasión, pero asimismo con gran profundidad, escudriñándolos fielmente.

Para terminar, el quejarse de esto es evidencia de que la persona tiene un espíritu de orgullo. Cuando alguien tiene disposición a resistir o resentir las reprensiones en un espíritu de fidelidad a Cristo, es por un lado, porque la persona tiene un espíritu anticristiano. Si las personas no pueden ser reprobadas y aun tratadas duramente por sus faltas, y tomarlas pacientemente, ciertamente están lejos de tener un carácter cristiano. Pedro dijo “Pues, ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuistéis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejando ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halla engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pe. 2:20-23). Ahora bien, el apóstol enseña claramente en este pasaje, que incluso el ser reprendido o abofeteado y tomarlo pacientemente cuando somos en verdad culpables no es evidencia de un espíritu cristiano. ¡Pero el rehusar a sufrir la reprensión obviamente debe ser evidencia de un espíritu orgulloso y sin paz! Cuando cualquier clase de gente piensa que está más allá del ser reprobado por otros, ya sea por su posición en la vida o porque son muy influyentes, y creen que otros ya no tienen derecho a reprenderlos por sus pecados, es porque NO tienen la mente de Cristo. Esto, especialmente cuando rehusan la reprensión de sus hermanos, que son natural y eclesiásticamente sus iguales. En resumen, cuando un hombre, o grupos de hombres, están en tal estado mental que se niegan a ser reprobados por sus pecados aun por el menor miembro de la congregación o aun por un niño, están en un estado de orgullo y de inconversión, y en ese estado mental, Dios no los bendecirá.

Permítanme terminar este mensaje con algunos comentarios. Es de desearse, el que hubiera mucha más fidelidad a Cristo, con respecto a reprender cualquier tipo y forma de pecado que hay en la Iglesia. Debe haber mucha más de esta fidelidad o la Iglesia no puede prosperar.
Es grandemente deseable que los ministros sean mucho más consistentes en reprobarse los unos a los otros tanto en público como en privado.

Sería de gran bendición que esto se hiciera en un mejor espíritu, que en el que generalmente se hace. Debería hacerse mucho más profundamente, de manera que alcance la raíz del asunto. Es de infinita importancia, que el trato claro y franco de esos pecados se reciba en un espíritu correcto y que los ministros especialmente consideraran bien el ejemplo de David, que a pesar de ser rey, cuando fue reprendido atinadamente en forma personal por el profeta Natán, en vez de resentirlo, y quejarse de que lo estaban “juzgando” y “exhibiendo” exclamó con toda humildad, como un hombre de Dios, “He pecado contra Dios”. Mientras tanto los ministros están dispuestos a quejarse y a tratar todas las reprensiones, no importa que tan amables, como si fueran “críticas” y “condenas”. No tienen por que esperar la bendición del Señor cuando se haga esta queja, nosotros debemos examinar con cuidado y en oración nuestro espíritu, motivos, y maneras de ministrar la reprensión; pero de ninguna manera, debemos detenernos de seguir reprobando a la persona en una forma completa, que llegue hasta lo profundo de su ser, compasivamente y con benevolencia; ya sea hasta que haya reformación o hasta que el caso sea sin esperanza, hasta que se aplique el principio que Cristo les dio a sus discípulos con respecto a los líderes religiosos de su tiempo: “Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos”.

Ahora bien hermanos, he escrito este mensaje en la gentileza y amor de mi corazón y sospecho que en esto seré acusado de “juzgón”, “muy crítico”; y sospecho que lo que sé que hablo con amor puede ser confundido con un espíritu condenatorio. Pero, mis hermanos, nada puedo hacer: Deseo llamar la atención de la Iglesia y del ministerio a esta simple distinción, y ruego en oración que la consideren, cada vez que se hallen reprendidos. “Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo” (Sal. 141:5).





¿Avivamiento en México?

1 08 2007

Eyyyyyyyy… por fin regreso, y es que la ausencia se debió a que estuve fuera de la ciudad. En fin, el caso es que en este viaje ya vanía de regreso y un tramo del camino me lo aventé en camión. En cuanto me subo me toca enfrente de una persona que venía leyendo la Biblia, venía bien picado el bro y pues se me hizo padre ver a alguien así.

Inmediatamente después se sube un señor que se le queda viendo y le pregunta: “¿Leyendo la Biblia hermano?… Así es… y de volada le contesta “Gloria a Dios”…. la verdad aunque me tomateen no lo puedo evitar, lo que se me vino a la mente en ese momento fue… “religiosos”, que duro, pero pues ni modo que diga mentiras, ya antes he hablado de mi fobia o alejamiento de todos esos modismos cristianos y formas con las cuales no comulgo, aunque no digo que estén mal, pero simple y sencillamente no me gusta expresarme así.

Pues total que se pusieron a platicar y resultó que uno de ellos venía de Seattle, Washington… y le comentaba que venía sólo de paseo a ver unos familiares, que tenía 5 años de convertido y que venía de predicar en la cárcel, ahí me hice chiquito y dije… mira este bro en la cárcel predicando y yo que vengo de una boda y de pasear… en fin, siguió la plática y el más religioso de ellos y que vive aquí en México le decía que se guardara que no perdiera el primer amor y etc. etc. etc… con dotes dignos de cualquiera que intenta ser pastor lo trataba de cuidar :S… en fin que siguieron la plática y claro que yo de metiche si no no les pudiera haber contado esto. Para esto yo ni hola dije ni me uní al “aleluya Dios le bendiga varones siervos del altísimo”.

Lo que me brinca y me motiva a escribir este post, es que coincidian que venía en México un avivamiento, medio me desperté para ver si había escuchado bien y no pude evitar escuchar, y decían que más gente venía cada vez al evangelio y cosas “maravillosas” y no me acordé del buen Pablo que decía que no pasaba de este siglo y Jesús venía y pensé en la cantidad de años que nos la hemos pasado diciendo que Jesús ya viene, en las hermanas que dicen que ya está a la puerta, en las congregaciones que pregonan avivamiento para México y así cada una y predicador para su nación, recuerdo Dante Gebel como dice de los pastores cristianos que tienen años con ese “cuento” en Argentina.

Y es que la verdad no es que no crea en el avivamiento, no es que no crea en la segunda venida de Jesús, pero de esta última por favor dejen de sacar cuentas, cuernos, tiempos y medios tiempos, esto simple y sencillamente nadie tiene la menor idea de cuando será, porque aunque haya señales de todos modos el día y la fecha nadie la sabe, ahí están los incansables Testigos de Jehová pregonando fechas y poniendo días exactos, nosotros hemos caído en lo mismo con diciendo que ya viene… realmente para nosotros Jesús puede venir el día de la muerte y ya no importa si venía después o no, una vez muriéndonos para nosotrs llegó el momento de la verdad.. pero en fin no era de eso lo que estoy hablando sino más bien de los famosos “avivamientos” si, así entre comillas lo pongo, porque creo que se a desvirtuado lo que un avivamiento es.

Y es que a veces creemos que porque viene más gente ya es avivamiento, o por que ahora traen una forma nueva de predicar o andan todos más exaltados y mas fogosos eso es un avivamiento .

Un avivamiento es un revivir de las épocas gloriosas de la iglesia primitiva en estos tiempos. Una visitación del Espíritu de Dios a individuos, familias, estados o naciones llamándolos al arrepentimiento y consagración a Dios. Una conciencia personal y general de la presencia del Dios Santo acercándose a los hombres.

Carlos Finney, el llamado apóstol de los avivamientos lo definió como un resurgimiento a la obediencia de la palabra de Dios.

Por eso pongo este texto de Dr. James Stewart para ver en sus palabras las características de un verdadero avivaminto.

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En mi propio ministerio de avivamiento he descubierto que los días de “el cielo en la tierra” se reconocen fácilmente por ciertas evidencias. Es cierto que ningún avivamiento es completamente igual a otro. Mientras que cada uno conlleva elementos comunes con los demás, sin embargo cada uno tiene características singulares. No importa el tiempo, el país, o las circunstancias, hay ciertas características sobresalientes que se encuentran en todos los verdaderos movimientos del Espíritu Santo.

HE AQUÍ ALGUNAS DE LAS ALMAS REVELANTES EVIDENCIAS DE UN AVIVAMIENTO
Una profunda hambre de Dios
Una historia morava escrita pocos días antes del 3 de agosto de 1797 dice:
“Una gran hambre de la palabra de Dios tuvo lugar en nosotros de tal manera que teníamos que tener tres servicios cada día; por ejemplo, 5:00. 7:30 a.m. y 9:00 p.m. y cada quien deseaba más que cualquier otra cosa que el Espíritu Santo tomara completo control. El amor propio y el egoísmo, así como toda desobediencia desaparecieron y una abrumadora y desbordante gracia nos arrastro literalmente a todos hacia un gran océano de amor divino.”

En 1885 el reverendo G.H Moore y su congregación buscaron de manera más profunda y más completa un encuentro con el Señor. Cuatro hombres fueron movidos a orar: McQuilkin, Meneely, Wallace y Carlisle. Se reunían generalmente los sábados por la noche en una vieja escuela de Kells, buscando al Señor para tener una manifestación más llena de su poder para saciar el hambre de sus corazones. Esto fue el principio de un poderoso avivamiento que llegó a todo Ulster.
Juan Wesley describe este encuentro en su periódico:

“Lunes, 1º de enero de 1739. Mi hermano Charles y los señores Hall, Kinchin, Ingham, Whitefield y Hutchins, estaban presentes en nuestra fiesta de amor en Getterslane con aproximadamente sesenta hermanos más. Como a las tres de la mañana mientras continuábamos en oración el poder de Dios cayó poderosamente sobre nosotros, tanto que algunos lloraban de inmenso gozo y otros caían al suelo. Tan pronto como nos recuperamos un poco del temor reverencial y del asombro por la presencia de su Majestad, prorrumpimos a una voz: “Te alabamos, oh Dios, reconocemos que eres el Señor”.

Agonía por las almas
Una agonía por las almas es otra característica sobresaliente. Un joven galés, mientras hacía una lectura un domingo en la mañana llegó a las palabras “por Su agonía y el sudor de Su sangre” y fue tomado por una gran pesadez y por su agonía, y de alguna manera se sintió parte del gran sufrimiento de Getsemaní y del Calvario. Esto fue el principio de un poderoso trabajo de gracia que sacudió la pequeña localidad de Gales. Cuando Daniel Rowlands leyó estas palabras a su congregación fueron subyugados y sintieron que estaban también en Getsemaní con su Señor.

Cuando Murray McCheyene regresó de Tierra Santa después de 6 meses de estar ausente de su gente en Dundee, describió que una gran obra de parte de Dios estaba como nunca antes teniendo lugar a través del ministerio de William C. Burns, un joven de 22 años. Tan grande era la agonía dentro de la congregación por las almas perdidas y por las increíbles eran las escenas que sucedían aún hasta las cuatro de la mañana en la iglesia de San Pedro, que el Presbiterio de Aberdeen le pidió que hiciera un reporte especial sobre estas impresionantes escenas. Algunos del Presbiterio querían condenar lo que sucedía en San Pedro de Dundee por su aspecto emocional. Aquí tenemos parte de su respuesta:
“Desde mi regreso he visto con frecuencia la predicación de la palabra con tanto poder, y las cosas eternas tan cerca, que los sentimientos de la gente no se pueden contener. He observado en esas ocasiones una tremenda quietud que prevalece en la asamblea, cada oyente inclinado hacia delante con profunda atención cubriéndose las caras para orar que las saetas del Rey de Sion sean enviadas a los corazones de los pecadores”.

Algunas veces durante mis reuniones en Europa, el coro no ha podido ni entonar los cantos debido al gran quebranto en agonía por las almas.

Llenos del amor de Cristo
Está característica está siempre en un avivamiento. Un inglés visitó a Christmas Evans en Gales, de quien había oído hablar mucho, y con quien sentía cierto disgusto por sus reuniones desordenadas y su celo impropio. Este inglés predicó fríamente, determinado a no dejarse llevar por las formas desordenadas del galés.

Cuando termino le tocó el turno a Evans y lleno de respeto por el hermano inglés trató de hablar con un sencillo lenguaje y mientras describía de manera poderosa la gloria de Cristo, lo enorme de su Sufrimiento y el infinito mérito de su sacrificio, el inglés olvidándose de sí mismo exclamó: “Oh mi Dios, ¿es esté mi Salvador?” y cayó al piso.

Este relato fue sólo una secuencia natural de una experiencia previa del predicador Evans.

Mientras cabalgaba hacia las laderas donde tendría que predicar y estando consciente de lo que es tener un corazón frío en el púlpito, en la oración secreta y el estudio, desmonto de cabalgadura y pasó tres horas en el bosque clamando a Dios que quebrantara su frío corazón y le llenara con ardiente amor por las almas. “Habiendo empezado,” dijo “en el nombre de Jesús, pronto sentí como si se soltaran las cadenas y la dureza del corazón se ablandara, y como lo pensé, montañas de hielo y nieve se disolvían y se derretían junto conmigo. Me cubrían con una dulce sensación de Su amor y Su perdón Mientras el sol se ocultaba me encaminé a mi cita. Al día siguiente predique con tal poder a la gran cantidad de gente que se reunió en la ladera, que el avivamiento no se hizo esperar y se extendió por toda la región.”

En una remota villa de Cardiganshire en una reunión una joven de naturaleza tímida se paro con voz temblorosa exclamó en galés: “Amo a Jesús con todo mi corazón.” Muchos historiadores espirituales creen que este fue el principio del avivamiento en Gales en 1904.

Recuerdo que estaba exponiendo la gloria de Cristo de acuerdo a Efesios, a un grupo de nuevos convertidos en Hungría, cuando el Espíritu Santo nos inundó a todos con Su amor, tanto que no pude terminar el mensaje, sino sólo llorar junto con la congregación en gran gozo de alegría.

No podemos asombrarnos de que uno de los himnos favoritos del avivamiento galés en 1904 fuera:

¡Maravilloso amor! ¡ilimitada misericordia!
Tan grande como los océanos,
Jesús, el Príncipe de la vida, está muriendo
Por su sangre hay vida en nosotros.

¡Oh que corazón podría olvidarlo!
¿Quién puede cesar de cantarle alabanzas?
¡Maravilloso amor! Por siempre apreciado
Mientras los cielos se llenan de música.

Una pasmosa sensación de la majestad y la santidad de Dios
¡Cuán vacíos y superficiales son nuestros servicios hoy en día para los avivamientos! Cuán poco sentido de la presencia y del poder de Dios se manifiesta en nuestro medio. El apóstol Juan, en la Isla de Patmos, tuvo una reunión de avivamiento para él solo. Tuvo una visión de la majestad de Cristo en toda Su belleza incomparable, de Su gloria y de Su poder. Estuvo conmovido y turbado.

“Y cuando lo vi, caí a sus pies como muerto” (Ap. 1:17).

El despertamiento de Northampton, Mass, bajo la predicación de Jonathan Edwards, revolucionó toda la región. Si acaso una persona habrá quedado sin ser tocada por las grandes cosas de lo eterno. En el año de 1735 parecía como si todo el pueblo estuviera lleno de la presencia de Dios.

El escritor recuerda como en repetidas ocasiones en Europa era tan grande la turbación de la presencia de Dios que nos era imposible tener fuerza para pararnos a predicar a la gente. Aún a los pecadores les entraba tanto temor que abandonaban el pueblo.

El Dr. Jowett dijo de Moody: “La excelencia de Moody estaba en una vasija de barro, y muchos doctores en divinidad se han cuestionado acerca de la extraña asociación. Había miles de predicadores más elocuentes que Moody pero el tesoro de la gloria no estaba en ellos. Moody podía no haber tenido educación, pudo haber tenido modales rudos y no tener experiencia en oratoria, pero cuando hablaba, el poder de un mundo invisible caía sobre la audiencia.”

En agosto de 1859, Dios hizo un gran trabajo durante la convocación de la iglesia Calvino Metodista. El predicador David Morgan escribió en su diario que fue la reunión de oración mas maravillosa en la que él haya estado. A Thomas John, de Calgerin, después de una profunda meditación, le hicieron una pregunta: “Hermano Juan, ¿No le impresionó ver a los miles que oraban en silencio? ¿Alguna vez vio algo así?”.

“Nunca vi a ninguno de los que oraban”, contestó, “¡Sólo vi a Dios!”

Una noche mientras predicaba en una catedral luterana escandinava, una tremenda sensación de la presencia de Dios cayó sobre la reunión. Yo estaba tan turbado por la terrible conciencia de la presencia de Jehová, que sentí temor de seguir predicando. No podía soportar la gloria de Dios y terminé repentinamente con el sermón. No supe que hacer, así que solo me incliné a orar en silencio. El silencio era tremendo. Estoy seguro de que si no lo hubiera roto pidiéndole al encargado de la catedral que impartiera la bendición, la congregación entera habría clamado en gran angustia y sufrimiento, creyentes y no creyentes, todos. Tan grande era el sentir de la majestad divina que muchos dejaron ahí sus automóviles y regresaron por ellos después para no interrumpir estos momentos de santa quietud. En la sacristía había unos treinta predicadores, preciosos hombres nacidos de nuevo. Ninguno profería palabra. Todos en silencio se retiraron a sus casas. Yo mismo no le dirigí la palabra a mi intérprete hasta tal vez tres horas después.

Profunda convicción de pecado
Esta relevante característica sigue a la anterior.

Teniendo un abrumador sentido de la santidad de Dios y de su pecado, lo mismo creyentes que no creyentes, son tocados y conmovidos por el Espíritu. Cuando George Whitefield en febrero de 1739 estaba predicando al aire libre a los mineros de Kingswood, el poder de Dios cayó sobre los 20,000 congregados. La primera evidencia del trabajo del Espíritu Santo sobre los rudos e incultos oyentes fue un profundo silencio; luego y aún más convincente fueron los ríos de lágrimas que rodeaban por las ennegrecidas mejillas de aquellos mineros.

En la vida de Christmas Evans esto se repitió durante su poderoso ministerio. Mientras predicaba al aire libre sobre “El Hijo Pródigo”, cientos de personas que se sentaban en el pasto, todos a una se levantaron, como por un resorte, como electrificados. Alguno lloraba y otros oraban en gran agonía mental. Aunque el predicador solo había hablado por quince minutos, tuvo que interrumpir, y con sus ayudantes, hacerse cargo de las almas angustiadas hasta la madrugada del día siguiente.

Cuando Jonathan Edwards estaba leyendo las palabras de Deuteronomio 32:35 “A su tiempo su pie resbalará”, el Espíritu de Dios cayó sobre la congregación con tal poder de convicción que los que no eran salvos sintieron que se deslizaban hacia las profundidades del infierno a cada momento con sus almas aterrorizadas se abrazaban a los pilares del salón y gritaban en agonía: “¿Qué haremos para ser salvos?”

Mi padre espiritual, David Rea, ese gran evangelista de Ulser, cuenta de su primer servicio en público en 1869.

“Fui a Dooran. Cuando llegué la casa de la reunión estaba llena a pesar de la fuerte tormenta. De inmediato entré y sentí la presencia del Señor y cuando empecé a predicar, un poder indescriptible cayó sobre toda la congregación y llantos pidiendo misericordia se escucharon por todas partes del edificio. Luego en una de estas reuniones hubo ocasiones en que tuve que dejar de hablar ya que alguien se paraba y gritaba “Gloria a Dios”, mientras que otros caían postrados al piso pidiendo misericordia. De repente tenía que suspender la predicación del todo y mirar el trabajo que el Señor estaba realizando. A veces había casi cien personas en un lugar clamado por misericordia, y en otra área una cuarta parte oraba por ellos, mientras que otros iban entre ellos llevándolos a Cristo. Luego como una docena estaban de pie después de haber encontrado la paz y alababan a Dios en voz alta.”

Durante este poderoso movimiento del Espíritu de Dios al norte de Escocia, mucha gente caía al suelo con sus almas agonizando mientras Jock Troup predicaba. La gente yacía como muerta en un campo de batalla. Cuando años más tarde trabajé con él, encontré a algunas de estas personas regocijándose en el Señor.

¡Oh, cuán poca convicción de pecado hay en nuestras campañas hoy en día! Tenemos miles de conversiones falsas a causa de esto.

¡Oh, que glorioso es oír sollozos de las almas interrumpir la reunión!

Progreso espontáneo
Dos símbolos de Pentecostés son el VIENTO y el FUEGO. Ambos nos hablaban del trabajo soberano, místico y sobrenatural del bendito Espíritu. NO HAY UN PROGRAMA PARA UN CICLÓN O PARA EL INCENDIO EN UNA PRADERA. Una de las mejores descripciones de un avivamiento la da el mismo Señor Jesús.

“El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni a donde va” (Jn. 3:8)

John Shearer dice: “Un gran avivamiento es como un fuego en el bosque; puedes rastrear su principio, siguiendo la primera línea de la flama, pero pronto su progreso es tan rápido y extenso que el ojo no puede ya seguir su paso. La flama salta de inmediato a muchos lugares, y lo único que vemos es una gran conflagración.”

El avivamiento estalla en todas direcciones para la completa sorpresa de todos nosotros.

En los benditos días de 1890 y por ese tiempo, los fuegos de avivamientos se prendían por la costa noreste de Escocia de manera espontánea, independientemente de los planes de las campañas evangelísticas.

Duncan, Matheson, Reginald, Ratchiffe y James Turner iban de pueblo en pueblo, de aldea en aldea recogiendo una gran cosecha.
Ustedes han oído del maravilloso trabajo de gracia que hubo durante el ministerio de Murray, McCheyne y William C. Burns. Estos hombres tenían únicamente veintiséis y veintidós años respectivamente. Sin embargo, en cualquier lugar de Escocia en donde predicaban, iban miles para oírlos. Por favor, recuerden que no había ninguna organización ningún comité, ni ofrendas de amor para los evangelistas. No se gastaba nada de dinero en promover las reuniones y nunca se estipulaba cuanto tiempo iban a estar en un lugar estos hombres de Dios. Todo estaba bajo la dirección del Espíritu Santo. El era el Señor de la Cosecha; El los mandaba y ellos obedecían Su voz. Algunas veces se quedaban en un pueblo dos días, en otras ocasiones se quedaban tres semanas. Las iglesias estaban repletas. Multitudes desbordantes se juntaban al aire libre. Cientos de personas seguían a estos dos hombres santos a su alojamiento después de la media noche para que les predicaran la Palabra otra vez.

Durante los años de avivamiento en Hungría, miles se reunían como por magia. La policía o el pastor me llamaban por teléfono para que fuera rápidamente a un pueblo porque multitudes se habían reunido y estaban esperando un mensaje aunque no se había acordado llevar acabo ninguna reunión en ese lugar. En algunos lugares en Europa se juntaban 2,000 personas sin que hubiera programado ninguna reunión. ¡Esta era la gloria, el misterio, el milagro del avivamiento! Era el irresistible movimiento del Espíritu Santo. Esto es lo que diferenciaba los días de avivamiento de los días de reuniones evangélicas ordinarias. Esta escenas de reuniones espontáneas fueron presenciadas por el avivamiento en Ulster bajo el ministerio de W. P. Nichosol y en avivamientos escoceses bajo el ministerio de Jock Troup y otros.

La rapidez y lo imprevisto del movimiento
Los avivamientos comienzan de pronto y se expanden con una velocidad impresionante, como un fuego en la pradera.

“Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha RÁPIDAMENTE”
( II Cro. 29:36).

Los movimientos poderosos del Espíritu Santo comienzan en el lugar secreto del Altísimo. Las manifestaciones externas vienen repentinamente para asombro de todos; santos y pecadores claman igualmente asombrados: “Es el Señor el que lo está haciendo y es maravilloso lo que vemos”. La gente de Dios se llena de alegría y cantan con gran gozo: “Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres” (Sal. 123:6)

El historiador Kirkton escribió acerca de la reforma en Escocia:
“En Escocia toda la nación se convirtió como en un estallido, diez años después de la salida del Papa. NO HABÍA NI DIEZ PERSONAS DE SOCIEDAD QUE PROFESARAN LA VERDADERA RELIGIÓN REFORMADA, y así era en la misma proporción con la gente del pueblo. He aquí una nación que nació en un día”.

Otra vez Jonathan Edwards escribe acerca del gran avivamiento en 1740, dice:
“Esto es seguro, es un evento grande y maravilloso, una revolución extraña, un inesperado sorpresivo cambio de las cosas, sucedió de pronto… ¿Quién que hubiera visto el estado de las cosas en Nueva Inglaterra hace algunos unos años, creyera que habría un cambio?”.

Yo mismo he presenciado, no sólo lo espontáneo sino también la rapidez del poderoso movimiento de Dios en diferente partes de Europa. Por ejemplo, alrededor de 1935 en la parte rusa de Polonia empezaron a encenderse poderosos fuegos de avivamiento que se extendieron por diferentes provincias, en lugares donde no había ni una sola iglesia evangélica, por un corto período de tiempo, surgieron iglesias neotestamentarias por todos lados. En poco tiempo, algunas de estas iglesias llegaron a tener mil miembros, a veces bautizábamos a 200 personas en un día. En otros países de Europa oriental se encendían simultáneamente fuegos de avivamiento.

El verdadero espíritu de avivamiento no se deja atrapar por organizaciones o sistemas. NO PUEDE SER CREADO CON MAQUINARIA NI PROMOVIDO POR LA TINTA DE LA IMPRENTA.

Un cántico desbordante
Una de las características de un gran avivamiento es un maravilloso gozo. Cuando la noche de agonía por la convicción, el dolor y el terror del pecado ha pasado, entra en el corazón agonizante la bendita paz del perdón. Ningún gozo que el mundo pueda ofrecer se compara con el misterioso e inefable gozo que se despierta en el alma del que ha nacido de nuevo. De esta manera las visiones del templo de Isaías – que las montañas y los collados prorrumpirían en canto y que los árboles aplaudirían – no parecen extravagantes. Un gozo desbordante viene a los creyente mientras son llevados a mayores alturas de santidad. EL CANTO ES LA EXPRESIÓN NATURAL DE UN CORAZÓN JUBILOSO. Escocia encontró en los salmos la respuesta a su estado victorioso, mientras los himnos de Wesley permanecen actualmente aunque el avivamiento ya haya terminado.

Durante estos poderosos movimientos abundaban cientos de cantos nuevos expresando el sentimiento reprimido de la gente. Los viejos himnos comunes que habían sido cantados tan fría y mecánicamente por años, ahora tomaban un nuevo significado. Sí, el cántico espiritual de una congregación es siempre un buen termómetro para probar el avivamiento.

Duncan Matheson solía despedir las reuniones de avivamiento en Escocia cantando fuertemente con gozo santo el Salmo 126:2 “Entonces nuestra boca se llenará de risa, nuestra lengua de alabanza…”

Cuando el pueblo de Dios se llena del Espíritu Santo como bendición del avivamiento, ellos “hablan entre sí, con salmos himnos y cánticos espirituales, alabando al Señor en sus corazones”.

NUNCA SUPE QUE EN UN AVIVAMIENTO SE NECESITARA UN LÍDER DE ALABANZA. Su ministerio es innecesario, porque la gente debe ser restringida una y otra vez por estar cantando por horas en un servicio. He conocido a gente que puede estar cantando durante dos horas antes de que empiece la reunión sin ningún director humano.

Una noche en una concurrida reunión de oración en Checoslovaquia yo repetí la bendición tres veces. La gente simplemente me ignoró y siguieron cantando hasta la media noche bajo la poderosa unción del Espíritu Santo. Podían haber continuado hasta la mañana siguiente si no hubiera sido porque el conserje del edificio les pidió que desalojaran.

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite MI COPA ESTA REBOSANDO” (Sal. 23:5).

Este no es el cantar de los cuartetos, los solistas o los grupos de diferentes iglesias. Es el Espíritu desbordándose hacia el Padre y hacia el Hijo en la alabanza de los creyentes.

Tal experiencia está descrita en un himno del avivamiento en Ulster, cuando durante las reuniones de avivamiento en las calles, en las fábricas, en el campo y en las casas la gente cantaba fuertemente:

Cada vez que nos reunimos, dices:
¿Qué nuevas hay? ¿Qué nuevas hay?
Oh, yo tengo buenas nuevas que decir:
Mi salvador ha hecho todas las cosas bien
Y ha triunfado sobre la muerte y el infierno
¡Esas son las nuevas! ¡Esas son las nuevas!

El Cordero fue crucificado en el Calvario
Para librar a un mundo de pecadores
Ahí fue donde se derramó su preciosa sangre
Ahí es donde Su sagrada frente fue humillada
Pero ha resucitado de entre los muertos
¡Esas son las nuevas! ¡Esas son las nuevas!

Sus obras están avivando todo lugar
Y muchos la salvación han encontrado ya
Y desde que sus almas se han encendido en fuego
Gritan hosanna a Su nombre
Y por todos lados proclaman Su Honor
¡Esas son las nuevas! ¡Esas son las nuevas!

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Después de esto, ¿será que para México viene un avivamiento? Si nos la pasamos todavía cayendo y cayendo en pecados, en irresponsabilidades, en discusiones y separaciones dentro de las iglesias. Ahhh pero ¿qué tal alzamos las manos y deciamos “se siente un avivamiento”?

No dudo de los avivamientos.. ahí está Wesley que caminaba por la calle y la gente caía a confesar pecados y el ni siquiera abría la boca… pero es que así somos, siempre queremos arrebatar las promesas siempre buscamos lo “bonito” del evangelio pero nunca hacemos lo que hace que esas cosas sucedan.





El Casi Cristiano / Juan Wesley Parte II

25 07 2007

Siguiendo con el mensaje pasado aquí está la segunda y última parte de este estudio de Juan Wesley

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EL AMOR: LA PRINCIPAL CARACTERISTICA DEL VERDADERO CRISTIANO
Si me pregunta: ¿Qué otra cosa además de todo esto, significa el ser cristiano por completo? Contestaré:
1.- En primer lugar, el amor de Dios quien así dice en su Santa Palabra: “Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas.” Ese amor que llena el corazón, que se posesiona de todos sus afectos y desarrolla las facultades del alma, empleándolas en toda su plenitud. El espíritu de aquél que de esta manera ama al Señor, de continuo se regocija en Dios su Salvador; su deleite está en el Señor, a quien de todas las cosas da gracias; todos sus deseos son de Dios y permanece en él la memoria de su nombre; su corazón a menudo exclama: “¿A quién tengo yo en los cielos?” “Y fuera de ti nada deseo en la tierra” Y ciertamente, ¿Qué otra cosa puede desear además de Dios? A la verdad que no el mundo, ni las cosas del mundo: Porque está crucificado al mundo y el mundo a él; “Ha crucificado la carne con sus deseos y concupiscencias; “más aún, está muerto a toda clase de soberbia porque “el amor… no se envanece;” sino que por el contrario como el que vive en el amor así “vive en Dios y Dios en él” y se considera a sí mismo menos que nada.

2.- En segundo lugar, otra de las señales del verdadero cristiano, es el amor que profesa a sus semejantes, pues el Señor ha dicho: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Si alguno preguntase: “¿Quién es mi prójimo?” le contestaríamos: todos los hombres del mundo, todas y cada una de las criaturas de Aquél que es el Padre de los espíritus de toda carne. No debemos exceptuar a nuestros enemigos, ni a los enemigos de Dios y de sus propias almas, sino que los debemos amar como a nosotros mismos, como “Cristo nos ama a nosotros”; y el que quiera comprender esta clase de amor, que medite sobre la descripción que Pablo da de ella. “Es sufrida, es benigna… no tiene envidia” no juzga con ligereza; “no se envanece”, sino que convierte al que ama en humilde siervo de todos. El amor no hace nada indebido… no busca lo suyo, sino el bien de los demás y que todos sean salvos; “no se irrita”, sino que desecha la ira que solo existe en quien no ama; “no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera”.

OTRA CARACTERISTICA INDISPENSABLE: LA FE
3.- Aún hay otro requisito para ser verdaderamente cristiano, que pudiera considerarse por separado, si bien no es distinto de los anteriores, sino al contrario, la base de todos ellos: “La Fe”. Excelentes cosas se dicen de esta virtud en los Oráculos de Dios. “Todo aquél que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Dijo el discípulo amado. ” A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” “Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra Fe”. El Señor mismo declara que: “El que cree en mí, aunque este muerto vivirá.”

4.- Nadie se engañe a sí mismo. “Necesario es ver claramente que la Fe que no produce arrepentimiento, amor y buenas obras, no es la fe viva y verdadera, sino está muerta y es diabólica; porque aún los demonios mismos creen que Jesucristo nació de una virgen; que hizo muchos milagros y declaró ser el Hijo de Dios; que sufrió una muerte penosísima por nuestras culpas y para redimirnos de la muerte eterna; que al tercer día resucitó de entre los muertos, que subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre y que el día del Juicio vendrá otra vez a juzgar a los vivos y muertos. Estos artículos de nuestra Fe y todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamento, los demonios creen firmemente, y sin embargo, permanecen en su estado de condenación porque les falta esta verdadera Fe cristiana.

5.- Consiste la verdadera y única Fe cristiana, Fe, en tener una plena seguridad y completa certeza de que Cristo nos ha salvado de la muerte eterna. Es una confianza firme y una certidumbre inalterable de que Dios nos ha perdonado nuestros pecados por los méritos de Cristo, y que nos hemos reconciliado con Él; lo que inspira amor en nuestros corazones y la obediencia de sus santos mandamientos.

6.- Ahora bien, todo aquél que tenga esta Fe “que purifica el corazón “(Por medio del poder de Dios que reside en Él) de la soberbia, la ira, de los deseos impuros, “de toda maldad”, “de toda inmundicia de carne y de Espíritu;” y por otra parte lo llena con un amor hacia Dios y sus semejantes, más poderoso que la misma muerte, amor que lo impulsa a hacer las obras de Dios; a gastar y gastarse a sí mismo, trabajando en bien de todos los hombres; que sufre con gozo los reproches por causa de Cristo, el que se burlen de él, lo desprecien, que todos lo aborrezcan, más aún, todo lo que Dios en su sabiduría permite que la malicia de los hombres o los demonios inflijan sobre él; cualquiera que tenga este Fe y trabaje impulsado por este amor, es no solamente casi, sino cristiano por completo.

7.- Más ¿Dónde están los testigos vivientes de todas estas cosas? Os ruego, hermanos, en la presencia de ese Dios ante quien están “el Infierno y la Perdición…. ¿Cuanto más los corazones de los hombres? “Que os preguntéis cada uno en vuestro corazón: ¿Pertenezco a ese número? ¿Soy recto, misericordioso y amante de la verdad, siquiera como los mejores paganos? Si así es, ¿Tengo solamente la forma exterior del cristiano? ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que la Palabra de Dios prohibe? ¿Hago con todas mis fuerzas todo lo que me viene a la mano por hacer? ¿Uso de los medios instituidos por Dios siempre que se ofrece la oportunidad? ¿Y hago todo esto con el deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas?.

8.- ¿No tenéis muchos de vosotros la conciencia de encontraros muy lejos de ese estado de mente y corazón; de que ni siquiera estáis próximos a ser cristianos; de que no llegáis a la altura de la rectitud de los paganos; de que ni aún tenéis la forma de la santidad cristiana? Pues mucho menos ha encontrado Dios sinceridad en vosotros, el verdadero deseo de agradarle en todas las cosas. No habéis tenido ni la intención de consagrar todas vuestras palabras y obras, vuestros negocios y estudios, vuestras diversiones a su gloria. No habéis determinado ni siquiera deseado, hacer todo “en el nombre del Señor Jesús” y ofrecerlo todo como un sacrificio espiritual, agradable a Dios por Jesucristo.

9.- Más suponiendo que hayáis determinado y decidido hacerlo ¿Será suficiente el hacer propósitos y el tener buenos deseos, para ser un verdadero cristiano? En ninguna manera. De nada sirven los buenos propósitos y las sanas determinaciones, a no ser que se pongan en práctica. Bien ha dicho alguien que “El Infierno esta empedrado de buenas intenciones.” Queda por resolver la gran pregunta: ¿Está vuestro corazón lleno del amor de Dios? ¿Podéis exclamar con sinceridad: “¡Mi Dios y mi todo!”? ¿Tenéis otro deseo además de poseerlo en vuestro corazón? ¿Os sentís felices en el amor de Dios? ¿Tenéis en Él vuestra gloria, vuestra delicia y regocijo? ¿Lleváis impreso en vuestro corazón este mandamiento: “Que el que ama a Dios, ame también a su hermano”? ¿Amáis pues a vuestros semejantes como a vosotros mismos? ¿Amáis a todos los hombres, aún a vuestros enemigos y los enemigos de Dios, como a vuestra propia alma como Cristo os amó a vosotros? ¿Creéis que Cristo os amó y se dio a si mismo por vosotros? ¿Tenéis Fe en su Sangre? ¿Creéis que el Cordero de Dios “ha quitado” vuestros pecados y los ha tirado como una piedra en lo profundo del mar? ¿Creéis que ha raído el decreto que os era contrario, quitándolo de en medio y clavándolo en la cruz? ¿Habéis obtenido la redención por medio de su sangre, aún la remisión de vuestros pecados? Y por último, ¿Da su Espíritu testimonio con vuestro espíritu de que sois hijos de Dios?

El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que está en medio de nosotros, sabe que si algún hombre muere sin esta fe y sin este amor, mejor le fuera a tal hombre el no haber nacido.

Despiértate, pues, tú que duermes e invoca a Dios; llámale ahora, en el día cuando se le puede encontrar; no le dejes descansar hasta que haga pasar todo “su bien delante de tu rostro”, hasta que te declare el nombre del Señor “Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado.” Que ningún hombre os engañe, ni os detenga antes de que la hayáis obtenido, sino al contrario llamad de día y de noche a Aquél que “Cuando aún éramos pecadores, a su tiempo murió por los impíos”, hasta que sepáis en quien habéis creído y podáis decir: “¡Señor Mío, y Dios Mío!” Orando sin cesar y sin desmayar hasta que podáis levantar vuestras manos hacia el cielo y decir, sé que vive por siempre: “Señor tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.”

Quiera el Señor que todos los que aquí estamos reunidos sepamos no solamente lo que es ser casi cristiano, sino verdaderos y completos cristianos; estando gratuitamente justificados por su gracia, por medio de la redención que es en Jesús; sabiendo que tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo; regocijándonos con la esperanza de la gracia de Dios y teniendo el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.