El Casi Cristiano / Juan Wesley Parte II

25 07 2007

Siguiendo con el mensaje pasado aquí está la segunda y última parte de este estudio de Juan Wesley

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EL AMOR: LA PRINCIPAL CARACTERISTICA DEL VERDADERO CRISTIANO
Si me pregunta: ¿Qué otra cosa además de todo esto, significa el ser cristiano por completo? Contestaré:
1.- En primer lugar, el amor de Dios quien así dice en su Santa Palabra: “Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas.” Ese amor que llena el corazón, que se posesiona de todos sus afectos y desarrolla las facultades del alma, empleándolas en toda su plenitud. El espíritu de aquél que de esta manera ama al Señor, de continuo se regocija en Dios su Salvador; su deleite está en el Señor, a quien de todas las cosas da gracias; todos sus deseos son de Dios y permanece en él la memoria de su nombre; su corazón a menudo exclama: “¿A quién tengo yo en los cielos?” “Y fuera de ti nada deseo en la tierra” Y ciertamente, ¿Qué otra cosa puede desear además de Dios? A la verdad que no el mundo, ni las cosas del mundo: Porque está crucificado al mundo y el mundo a él; “Ha crucificado la carne con sus deseos y concupiscencias; “más aún, está muerto a toda clase de soberbia porque “el amor… no se envanece;” sino que por el contrario como el que vive en el amor así “vive en Dios y Dios en él” y se considera a sí mismo menos que nada.

2.- En segundo lugar, otra de las señales del verdadero cristiano, es el amor que profesa a sus semejantes, pues el Señor ha dicho: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Si alguno preguntase: “¿Quién es mi prójimo?” le contestaríamos: todos los hombres del mundo, todas y cada una de las criaturas de Aquél que es el Padre de los espíritus de toda carne. No debemos exceptuar a nuestros enemigos, ni a los enemigos de Dios y de sus propias almas, sino que los debemos amar como a nosotros mismos, como “Cristo nos ama a nosotros”; y el que quiera comprender esta clase de amor, que medite sobre la descripción que Pablo da de ella. “Es sufrida, es benigna… no tiene envidia” no juzga con ligereza; “no se envanece”, sino que convierte al que ama en humilde siervo de todos. El amor no hace nada indebido… no busca lo suyo, sino el bien de los demás y que todos sean salvos; “no se irrita”, sino que desecha la ira que solo existe en quien no ama; “no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera”.

OTRA CARACTERISTICA INDISPENSABLE: LA FE
3.- Aún hay otro requisito para ser verdaderamente cristiano, que pudiera considerarse por separado, si bien no es distinto de los anteriores, sino al contrario, la base de todos ellos: “La Fe”. Excelentes cosas se dicen de esta virtud en los Oráculos de Dios. “Todo aquél que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Dijo el discípulo amado. ” A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” “Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra Fe”. El Señor mismo declara que: “El que cree en mí, aunque este muerto vivirá.”

4.- Nadie se engañe a sí mismo. “Necesario es ver claramente que la Fe que no produce arrepentimiento, amor y buenas obras, no es la fe viva y verdadera, sino está muerta y es diabólica; porque aún los demonios mismos creen que Jesucristo nació de una virgen; que hizo muchos milagros y declaró ser el Hijo de Dios; que sufrió una muerte penosísima por nuestras culpas y para redimirnos de la muerte eterna; que al tercer día resucitó de entre los muertos, que subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre y que el día del Juicio vendrá otra vez a juzgar a los vivos y muertos. Estos artículos de nuestra Fe y todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamento, los demonios creen firmemente, y sin embargo, permanecen en su estado de condenación porque les falta esta verdadera Fe cristiana.

5.- Consiste la verdadera y única Fe cristiana, Fe, en tener una plena seguridad y completa certeza de que Cristo nos ha salvado de la muerte eterna. Es una confianza firme y una certidumbre inalterable de que Dios nos ha perdonado nuestros pecados por los méritos de Cristo, y que nos hemos reconciliado con Él; lo que inspira amor en nuestros corazones y la obediencia de sus santos mandamientos.

6.- Ahora bien, todo aquél que tenga esta Fe “que purifica el corazón “(Por medio del poder de Dios que reside en Él) de la soberbia, la ira, de los deseos impuros, “de toda maldad”, “de toda inmundicia de carne y de Espíritu;” y por otra parte lo llena con un amor hacia Dios y sus semejantes, más poderoso que la misma muerte, amor que lo impulsa a hacer las obras de Dios; a gastar y gastarse a sí mismo, trabajando en bien de todos los hombres; que sufre con gozo los reproches por causa de Cristo, el que se burlen de él, lo desprecien, que todos lo aborrezcan, más aún, todo lo que Dios en su sabiduría permite que la malicia de los hombres o los demonios inflijan sobre él; cualquiera que tenga este Fe y trabaje impulsado por este amor, es no solamente casi, sino cristiano por completo.

7.- Más ¿Dónde están los testigos vivientes de todas estas cosas? Os ruego, hermanos, en la presencia de ese Dios ante quien están “el Infierno y la Perdición…. ¿Cuanto más los corazones de los hombres? “Que os preguntéis cada uno en vuestro corazón: ¿Pertenezco a ese número? ¿Soy recto, misericordioso y amante de la verdad, siquiera como los mejores paganos? Si así es, ¿Tengo solamente la forma exterior del cristiano? ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que la Palabra de Dios prohibe? ¿Hago con todas mis fuerzas todo lo que me viene a la mano por hacer? ¿Uso de los medios instituidos por Dios siempre que se ofrece la oportunidad? ¿Y hago todo esto con el deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas?.

8.- ¿No tenéis muchos de vosotros la conciencia de encontraros muy lejos de ese estado de mente y corazón; de que ni siquiera estáis próximos a ser cristianos; de que no llegáis a la altura de la rectitud de los paganos; de que ni aún tenéis la forma de la santidad cristiana? Pues mucho menos ha encontrado Dios sinceridad en vosotros, el verdadero deseo de agradarle en todas las cosas. No habéis tenido ni la intención de consagrar todas vuestras palabras y obras, vuestros negocios y estudios, vuestras diversiones a su gloria. No habéis determinado ni siquiera deseado, hacer todo “en el nombre del Señor Jesús” y ofrecerlo todo como un sacrificio espiritual, agradable a Dios por Jesucristo.

9.- Más suponiendo que hayáis determinado y decidido hacerlo ¿Será suficiente el hacer propósitos y el tener buenos deseos, para ser un verdadero cristiano? En ninguna manera. De nada sirven los buenos propósitos y las sanas determinaciones, a no ser que se pongan en práctica. Bien ha dicho alguien que “El Infierno esta empedrado de buenas intenciones.” Queda por resolver la gran pregunta: ¿Está vuestro corazón lleno del amor de Dios? ¿Podéis exclamar con sinceridad: “¡Mi Dios y mi todo!”? ¿Tenéis otro deseo además de poseerlo en vuestro corazón? ¿Os sentís felices en el amor de Dios? ¿Tenéis en Él vuestra gloria, vuestra delicia y regocijo? ¿Lleváis impreso en vuestro corazón este mandamiento: “Que el que ama a Dios, ame también a su hermano”? ¿Amáis pues a vuestros semejantes como a vosotros mismos? ¿Amáis a todos los hombres, aún a vuestros enemigos y los enemigos de Dios, como a vuestra propia alma como Cristo os amó a vosotros? ¿Creéis que Cristo os amó y se dio a si mismo por vosotros? ¿Tenéis Fe en su Sangre? ¿Creéis que el Cordero de Dios “ha quitado” vuestros pecados y los ha tirado como una piedra en lo profundo del mar? ¿Creéis que ha raído el decreto que os era contrario, quitándolo de en medio y clavándolo en la cruz? ¿Habéis obtenido la redención por medio de su sangre, aún la remisión de vuestros pecados? Y por último, ¿Da su Espíritu testimonio con vuestro espíritu de que sois hijos de Dios?

El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que está en medio de nosotros, sabe que si algún hombre muere sin esta fe y sin este amor, mejor le fuera a tal hombre el no haber nacido.

Despiértate, pues, tú que duermes e invoca a Dios; llámale ahora, en el día cuando se le puede encontrar; no le dejes descansar hasta que haga pasar todo “su bien delante de tu rostro”, hasta que te declare el nombre del Señor “Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado.” Que ningún hombre os engañe, ni os detenga antes de que la hayáis obtenido, sino al contrario llamad de día y de noche a Aquél que “Cuando aún éramos pecadores, a su tiempo murió por los impíos”, hasta que sepáis en quien habéis creído y podáis decir: “¡Señor Mío, y Dios Mío!” Orando sin cesar y sin desmayar hasta que podáis levantar vuestras manos hacia el cielo y decir, sé que vive por siempre: “Señor tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.”

Quiera el Señor que todos los que aquí estamos reunidos sepamos no solamente lo que es ser casi cristiano, sino verdaderos y completos cristianos; estando gratuitamente justificados por su gracia, por medio de la redención que es en Jesús; sabiendo que tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo; regocijándonos con la esperanza de la gracia de Dios y teniendo el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.

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