La Disciplina en la Iglesia / Parte IV

4 07 2007

Funciones de la disciplina
La disciplina en la iglesia cumple por lo menos tres funciones:

Primero, sirve para despertar al pecador de su situación. La esperanza es que la disciplina sacuda a la persona de tal manera que cambie de actitud. La disciplina no es sólo castigo, sino el último paso de un proceso diseñado para salvar al hermano en error.

Segundo, la disciplina sirve para advertir a toda la iglesia. NADIE puede jugar con el pecado. Aquí se incluye al pastor o al predicador en pecado. El Señor está airado con él, y todos deben darse cuenta de que Él exige santidad de Su pueblo. Si se permite a un “hermano” que siga con algo que es contrario al carácter de Dios, no lo amamos (ni al hermano, ni a Dios).

Tercero, la disciplina es necesaria para la salud del pueblo de Dios. Y no solamente eso, sino también por el testimonio de la iglesia frente al mundo. Ya hemos tenido demasiadas noticias de líderes conocidos que han caído en pecado dentro de la Iglesia. Lo que antes condenábamos de las sectas, ahora se vive en el seno de la congregación.

A continuación anexo otra parte del documento citado anteriormente:
“Cada una de las personas con las que te relacionas en la congregación es amada y muy especial ante los ojos de Dios. Su salvación es de un valor infinito; la vida misma de Dios derramada en la cruz. Por eso: “…No es la voluntad de vuestro padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños “. (Mt 18:14) Se refiere a los más sencillos creyentes, a los menospreciables según el mundo.

La hermana o hermano con quien tratas y te relacionas es una joya preciosa ante los ojos de Dios, es de tal valor que el Buen Pastor dejó las noventa y nueve y la buscó hasta encontrarla (Mt. 18:12-13). Así que “¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Mt. 18:6-7). Que en el contexto, parafraseado del griego, significa:

Ay de aquél que incite a pecar -o haga caer en pecado (por sus acciones o por su mal ejemplo), a cualquier persona, aun a la más insignificante a los ojos del mundo, de las que han confiado en Jesús.

¿Y qué es lo que puede “tropezar” a otros creyentes? ¿No son los malos ejemplos? ¿Las hipocresías que engendran incredulidad? ¿Las malas atmósferas causadas por murmuraciones? ¿El tentar a alguien a la amargura por pedirle prestado y no pagarle, etc.?

Cuántos hay que viven hoy bajo maldición porque han tropezado con su mal ejemplo a alguien pues menospreciaron la conciencia de quien a sus ojos era insignificante pero para Dios es un alma preciosa. Tales personas, al tropezar un alma, perturban el compañerismo y son desleales para con Jesús y la causa común.

El compañerismo espiritual en un grupo de creyentes puede ser arruinado o dañado sólo por una causa: el pecado. Por eso cada uno de nosotros debemos cuidarnos de llevar una vida recta, apreciando siempre el lugar que tenemos en la iglesia.

El pecado es algo tan destructivo y la comunión de los cristianos algo tan valioso y sagrado que por ello se nos exhorta a ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3). Este versículo nos instruye a ser solícitos, esto es, a ser extremadamente diligentes poniendo todo lo que esté de nuestra parte para no perturbar esa unidad que el Espíritu Santo ha dado a la iglesia. Dicho de otra forma, nos manda hacer todo, lo humana – y, razonablemente posible para estar en paz con todos los miembros de la congregación. Es una invitación a actuar con mucha madurez en nuestras relaciones con los hermanos; a ser en extremo cuidadosos de nunca tener actitudes que den causa justificada para agraviar a alguien y a no hacer juicios ligeros que dañen nuestra relación con otros. Más aún, nos invita a tener en mucha estima la reputación de nuestros hermanos para nunca dar lugar a palabras descuidadas o maliciosas que puedan dañarla. A esto último se le llama difamación y es una forma de maledicencia. Este tipo de conductas están prohibidas en la Biblia porque pueden destruir las relaciones y perturban la armonía.

Cuidar las buenas relaciones entre los hermanos es tan importante que la difamación comprobada es motivo de expulsión inmediata de la iglesia. Véase al respecto 1 de Corintios 5:11. Asimismo cuando alguien se rehúsa a reconciliarse con su prójimo luego de tres exhortaciones es motivo de expulsión. “Tenle por gentil y publicano”, dice Mateo 18: 15-17. En otras palabras ha quedado fuera de la comunión y es como un inconverso. No hay Koinonía con él pues por su conducta ha demostrado que ya no “tenemos en común” la misma causa ni compartirnos ya los mismos valores. De hecho no tenemos al mismo Señor, pues para llamarle a Él así de corazón, es necesario hacer lo que él dice.

Las buenas relaciones entre nosotros no son valiosas solamente porque nos ayudan a estar en paz y armonía y trabajar eficientemente en extender el Reino. La falta de unanimidad también puede contristar al Espíritu y apagar la llama del avivamiento. En la Biblia tenemos ejemplos clásicos como el de Acán quien fue desleal a la causa del pueblo de Dios y provocó que por su pecado oculto se retirara la presencia del Espíritu. La bendición de Dios no volvió a estar en plenitud sino hasta que Acán fue sacado del campamento.”

La iglesia debe ser sal, luz, un contraste con la sociedad en donde actúa. No puede pasar por alto la desobediencia en el propio cuerpo de su Salvador.

10Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto,11di a los recubridores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia torrencial, y enviaré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá. 12Y he aquí cuando la pared haya caído, ¿no os dirán: ¿Dónde está la embarradura con que la recubristeis?13Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia torrencial vendrá con mi furor, y piedras de granizo con enojo para consumir. 14Así desbarataré la pared que vosotros recubristeis con lodo suelto, y la echaré a tierra, y será descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y sabréis que yo soy Jehová. Ez. 13:10-15.

La iglesia es sana cuando busca cura a sus enfermedades.

El seguir la sana doctrina en cuanto a la disciplina conlleva una fuerte responsabilidad a quienes deciden o no aplicarla y la manera como se aplica.

10 Maldito el que hiciere indolentemente la obra del Altísimo… Jer. 48:10

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